Vivimos en un mundo lleno de intolerancia. Un lugar poco sano, que no respeta la vida misma. Un sitio donde cualquiera de sus habitantes te puede llegar a herir con decir unas cuantas palabras, las cuales no tienen sentido alguno por sí solas, pero que curiosamente al juntarlas tienen la capacidad de perforar profundamente tu ser.
Es insoportable cómo cualquiera se siente con el derecho de criticar y como este factor se ha vuelto parte de la vida cotidiana en la mayoría de las personas. Te “recortan” por lo que eres y por lo que no eres, por lo que te gusta y por lo que no te gusta, por lo que aspiras y por lo que no aspiras, por lo que sueñas y por lo que no sueñas, por lo que ves y por lo que no ves, por lo que comes y por lo que no comes... esto se ha convertido en un círculo vicioso que carcome el interior que aquéllos que lo llevan a cabo y de aquéllos que sólo son víctimas.
A veces me pregunto cómo eran los “criticones” antes de conocer ese verbo, si conocen el término “crítica constructiva” o con qué fin realizan esta acción que- a mi parecer- es una de las más viles y crueles si no se realiza con el único propósito de ofrecer retroalimentación (¿sabrán lo que esto significa?).
Quisiera saber qué motiva a alguien a romper los sueños de otras personas con su crítica cuando a veces ellos mismos no saben mucho del tema en cuestión. Cómo es posible que tengan el corazón tan frío para poder decirte con toda la tranquilidad del mundo que “no tienes talento”, “no es lo tuyo”, “nunca lo lograrás”. ¡Cómo, me pregunto, si ellos jamás lo han hecho! ¡Cómo, si ellos no tienen siquiera el valor de intentarlo! ¡Cómo, si ellos jamás han tratado!
Muchas veces pienso que se trata de cobardes. Gente sin valor, que quiso realizar algo, que no lo logró y que, frustrada, trata de quitarle las esperanzas a los demás porque “Si yo no pude, ¿por qué ellos han de poder?”. Ése es un panorama común en la actualidad y es una situación que viven diariamente muchos jóvenes e incluso adultos a quienes se les etiqueta de “tontos” por perseguir un sueño.
¿Saben qué pienso yo de esas personas? Que no valen la pena, porque alguien con un sueño sólido es alguien a quién nadie podrá detener. Ellos son dueños de una fortaleza inquebrantable, de una perseverancia increíble y de una grandeza de espíritu tal, que el comentario de otra persona no los hará cambiar de parecer. Ellos son las personas en las que debemos fijarnos, pues son quienes lograrán una diferencia en el mundo y nos mirarán desde los altos puestos que consiguieron a base de esfuerzo, constancia y dedicación con una sonrisa de franqueza a quienes los apoyamos y con una de superioridad a quienes los criticaron.
Y esto es, simple y sencillamente, una verdad que muchas personas no son capaces de aceptar.

1 comentario:
Yo también me considero una mente distinta. Saludos...
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